martes, 14 de diciembre de 2010

El fogón del pobre

El fogón del pobre
Emilia González Sevilla
Barcelona, 1996



SUMARIO

Introducción


El transporte de alimentos era lento y primitivo, en siglos pasados, y sólo permitía transportar pescados y carnes  en salazón o ahumados, frutas y vino.
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De toda esta imaginativa «cocina del pobre» en todas las épocas trata este libro, en el esforzado intento de recordar y agrupar aquellas recetas tradicionales con que los españoles alimentaban su organismo en plena carestía. En los recetarios hay pocas fórmulas de pollo o de merluza. En aquellas épocas en que no existía el proceso del frío aplicado a los alimentos, la merluza no llegaba al interior de la península, sino tan sólo aquellos pescados susceptibles de secado al sol, ahumado o salazón. Y el pollo, hasta pasada la posguerra del siglo XX, ha sido siempre plato de poderosos y nobles, o de villanos con granja, y adornaba las mesas populares tan sólo en bodas y festividades, cuando se quería «echar la casa por la ventana». Este libro ha profundizado, en cambio, en lo barato, en lo asequible popularmente, en «la nada». «Pisarás el umbral del bienestar cuando empieces a sentirte satisfecho con apenas nada», advertían los árabes que nos civilizaron durante más de ocho siglos.
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Sopa boba y caldillo de perro

Potajes y legumbres de ayer y de hoy

Ollas y pucheros


"Tenía la olla en que se guisaba tantas zarandajas"... que a veces hacía falta un ejército de cocineros para su elaboración.

La olla, cocido o pote es el guiso español por excelencia, internacionalizado con el correr de los siglos. Procede de la adafina, el guiso de los judíos españoles del siglo XV que cocinaban el viernes por la noche en hornillos de barro portátiles, cuya cochura duraba toda la noche a fuego muy lento para poder consumido caliente durante el sabath; el sábado sagrado en el que no se podía hacer absolutamente ningún trabajo incluido el de cocinar. Cocían en el puchero de barro garbanzos, judías blancas, arroz, patatas, verduras, carne de oveja o carnero, un huevo entero, aceite, calabaza y ciruelas secas.

Los judeo-españoles conversos, para dar a entender a la Santa Inquisición su condición de tales, añadían tocino o carne de cerdo, habituales en los guisos de cristianos viejos, con el fin de no ser acusados de herejes.

En la España de los siglos XV y XVI, la simple presencia de nabos, tocino, coles y grasa de cerdo era ya un lujo no siempre al alcance de pobres y villanos, y calificado de «golosina» por Torres Villarroel.
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Pucheros de conventos y vigilias

Pastores, arrieros y aldeanos

La cocina del ajo

Los ajos se vendían por las calles en ristras, lo mismo que se vendían las "ailles", ajadas y aliolis.

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En su Origen de la plantas cultivadas, De Candole situó la procedencia del ajo en la desértica región siberiana de Kirgiz, desde donde se difundió  por todo el mundo, y el botánico aseguraba  que fue llevada a Egipto por tribus nómadas a través del Asia Menor. De Egipto pasó a la India, a Mesopotamia y a Europa, y se dice que los constructores de las pirámides consumían grandes cantidades de ajo y cebolla, según refiere Herodoto.
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CHULETAS AL AJO CABAÑIL


Un kilo de chuletas de cordero,
medio decilitro de vinagre,
dos decilitros de aceite de oliva,
un kilo de patatas,
una cabeza de ajos,
y dos decilitros de agua.


Se pone la mitad del aceite en una sartén y se fríen las patatas, peladas y cortadas a trozos de unos dos centímetros de ancho, a fuego suave.

En otra sartén se pone el resto del aceite y, cuando está muy caliente, se fríen las chuletas a fuego vivo hasta que estén muy doradas.

En un mortero se majan los ajos pelados y se diluye con vinagre y agua mezclándolo todo muy bien.

Se vierte la mitad de este majado en la sartén de las patatas y la otra mitad en la de las chuletas. Se reparte media cucharadita de azúcar entre las dos sartenes, se sazonan las chuletas y las patatas con sal  y pimienta y se dejan cocer unos minutos ambas sartenes a fuego lento moviéndolas de vez en cuando.

Se sirve todo en la misma fuente, bien regado con las salsas del majado.

                                             
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Migas y gachas

Pasteles y picadillos

Menudillos y torreznos


"Huevos y torreznos bastan para duelos y quebrantos". Y los huevos se vendían por las calles, como hacía esta huevera de Fuencarral".

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Algunos cervantistas señalan que, a este plato elaborado con cecina, tocino, chorizo y huevos, se le denominaba «duelos y quebrantos» en alusión al dolor que causaba a sus dueños el quebranto de una parte de su ganadería o la pérdida de las reses muertas por accidente o por las alimañas. A este ganado se le quebraban los huesos con el fin de aprovechar su médula en caldos y pucheros. Probablemente de ahí venga añadido lo de «quebrantos».

Rodríguez Marín asegura que el nombre de este plato es un modismo popular manchego para definir los huevos revueltos con torreznos, según Calderón de la Barca dice en una de sus obras:

« ... para una cuitada
triste, mísera, viuda,
huevos
y torreznos bastan
que son «duelos y quebrantos.»


La patata, alimento de pobre

Bacalaos y otros pescaditos pobres

Mesones y posadas

En las ventas madrileñas era tradicional degustar los caracoles y los callos "a la madrileña", como se refleja en este dibujo de Manuel Alcázar: Un domingo en la venta de la Fuente de la Teja.

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En el siglo XVIII la cocina de posada llegó a cobrar gran popularidad. En Madrid había un mesón situado en el callejón que nacía en la Calle Ancha de Peligros, hoy calle Sevilla, y que desembocaba en Alcalá atravesando el solar donde se levantó el viejo edificio de La Equitativa, hoy del Banco Central. Este pasadizo se llamó Calleja de los Bodegones en principio, luego de Hita y, finalmente, Travesía de Los Peligros. A saber por qué.

Pues bien, en esta Travesía había un figón regentado por un buen cocinero llamado Lucas, adonde acudían a comer menestrales, covachuelistas, buhoneros y literatos de medio pelo que formaban allí sus tertulias por si caía en sus estómagos hambrientos alguna sobra caliente. Como generalmente así ocurría, el dueño fue apodado cariñosamente "El Tío Lucas" y su guiso de judías alcanzó tal fama en toda la ciudad que la receta pasó a la historia con el nombre de su autor: « judías a lo Tío Lucas», traídas desde El Barco abulense y guisadas con tocino, especias, ajos y vinagre. No era el único plato famoso del mesón de la Travesía de los Peligros, donde también acudían los clientes a pedir sus perdices con ternera y champiñones y otras recetas típicas del Madrid dieciochesco.

Bendita la carne del pobre

Aquellos postres populares

Turrones, barquillos, hojuelas y tortas eran postres y dulces cotidianos en las mesas populares de antaño. Bodegón de dulces, de Tomás Hiepe. Colección privada, Madrid.

Acaso uno de los sectores de nuestra gastronomía popular mejor surtido es el de los postres. Dulces de horno, frutas de sartén, arropías, mermeladas y compotas son fórmulas provenientes de civilizaciones del pasado que han llegado hasta nuestros días casi intactas. Hoy continúan cocinándose en fogones españoles populares y sofisticados, según las distintas épocas del año, que para todas hay postres al gusto.

Muchas de estas recetas las hemos heredado de los árabes, amantes de la miel y los aromas dulces, durante su dominio de casi ocho siglos. En especial las fórmulas que contienen miel, piñones, almendras y canela como elementos principales. Ya entre los moriscos nazaríes se cocinaba la murabba, un cocimiento de frutas maduras con azúcar o miel que llevaba jaleas. De la murabba árabe descienden nuestras compotas y mermeladas actuales. Otro postre español de herencia árabe es el arroz con leche, derivado de la talvina morisca, unas gachas de leche de almendras con pistachos, miel y arroz y que se consumían muy frías. Los árabes de los siglos XII y XIII cocinaban este dulce lavando siete veces el arroz con agua caliente para ablandado. Luego lo echaban directamente en leche de almendras caliente con miel. No puede ser más claro el antecedente de nuestro exquisito arroz con leche. Los árabes también crearon los «alfeñiques» de donde provienen los pirulís y caramelos en barra de hoy. Se elaboraban a base de azúcar cocida y estirada luego al «punto de hebra» antes de que se enfriase del todo.
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Bibliografía

Índice de recetas

martes, 7 de diciembre de 2010

Pasión por el chocolate

Pasión por el chocolate
Trish Deseine
Fotografía: Marie-Pierre Morel
Barcelona, 2003


Trish Deseine es irlandesa y madre de cuatro hijos. Es autora de auténticos best sellers, de los que tenemos dos en nuestra lista:

* Pasión por el chocolate. Barcelona, 2003
* Dulces y pasteles. Barcelona, 2010

Hoy nos ocupamos del primero;

PASIÓN POR EL CHOCOLATE

Chocolates en kit

Unos consejos antes de empezar
1 Sea muy exigente con la calidad del chocolate.
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El chocolate negro debe contener más de un 60% de cacao, y el chocolate con leche, más del 30% . Dejemos el chocolate muy amargo (más del 72%) para recetas experimentales.
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2 No se deje llevar por el esnobismo actual en cuanto al porcentaje de cacao en el chocolate. Un chocolate con un 80% de cacao no tiene por qué ser mejor para su pastel que otro que solo conenga un 64%.
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Tamaño de los moldes


Un detalle que puede cambiarlo todo. Intente respetar las indicaciones.
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Fundir al baño María o al microondas


Yo utilizo chocolate de cobertura, que funde muy fácilmente en el microondas. Una regla básica: detenga a menudo el horno y remueva bien el preparado a medida que se va haciendo, sobre todo si hay que fundir mantequilla y/o crema con el chocolate.


Si no utiliza chocolate de cobertura, pruebe si funde mejor en el microondas o al baño María, sobre todo si es para un envoltorio o un moldeado. Cuidado con el agua: no deje que llegue a hervir o el chocolate se quemará y se manchará por el vapor. No añada nunca agua ni sustancias grasas al fundir el chocolate, a  menos que la receta lo indique.
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Foto de Marie-Pierre Morel
Pastel de chocolate fundido de Nathalie

A raíz de los numerosos comentarios entusiastas que ha suscitado (algunos a cargo de maestros reposteros muy conocidos), esta receta se ha convertido en uno de mis "clásicos". No olvide preparar este pastel la noche anterior, o por la mañana si piensa servirlo por la tarde.

Ingredientes para 6 personas-8 personas
5 minutos de preparación
22 minutos de cocción
Preparar el día anterior si es posible
1 bol
1 fuente
1 molde hondo d 20 cm de diámetro
200 g de chocolate
200 g de mantequilla
5 huevos
1 cucharada sopera de harina
250 g de azúcar


Elaboración
Calentar el horno a 180º
Fundir conjuntamente el chocolate y la mantequilla, en el microondas o al baño María.
Añadir el azúcar y dejar enfriar un poco.
Incorporar los huevos uno a uno removiendo bien con una cuchara de madera tras añadir cada huevo.
Finalmente, añadir la harina y alisar bien la mezcla. Verter en el molde y calentar durante 22 minutos. El pastel debe quedar ligeramente tembloroso en el centro.
Retirar del horno, sacar enseguida del molde y dejar enfriar y reposar.
                                             

Mordiscos de chocolate

Unos auténticos bocaditos crujientes con el café siempre tienen éxito y, en mi caso, reemplazan a menudo el postre o completan el desayuno.
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Foto de Marie-Pierre Morel
Trufas


Chocolate clásico  (ma non tropo)

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Un pastel casero elaborado con el mejor chocolate causará más deleite (y le producirá menos canas) que una osada tentativa de imitar las técnicas profesionales.

Así pues, las recetas "clásicas" de este capítulo han sido ligeramente retocadas. He mantenido los sabores y combinaciones básicos, pero adaptando y simplificando los procedimientos.

Foto de Marie-Pierre Morel
TARTA SACHER (O CASI)

iLa reina de las tartas de chocolate! La auténtica tarta Sacher encierra una fina capa de colada de albaricoque oculta bajo un glaseado negro irreprochable que lleva la palabra «Sacher» escrita con chocolate con leche ... Por desgracia, estas dos últimas etapas las encuentro un poco superfluas. Además, siempre he creído que los albaricoques resultaban un poco extraños aliados de una genovesa generosa y muy rica. Los puristas tal vez se escandalizarán, lloverán las censuras y el señor Sacher se revolverá en su tumba, pero he aquí una versión de este postre que funciona bien, con proporciones y  asociaciones remodeladas.

Ingredientes para 6 personas
20 minutos de preparación
30 minutos de cocción
Dejar enfriar 1 hora
6 aros de 6 cm de diámetro o 1 molde de muffins  (procure que sea un molde flexible)
4 boles
1 cacerola
120 g de chocolate
75 g de mantequilla a punto de pomada
55 g de azúcar
4 huevos de los que se habrán separado las
claras de las yemas
55 g de harina
Para la salsa de albaricoques
3 cucharadas soperas de confitura de
albaricoque
el zumo de un limón
10 albaricoques secos, cortados en daditos
Para el glaseado
100 g de chocolate negro
50 g de mantequilla
2 cucharadas soperas de agua

Elaboración
Calentar el horno a 180°C.


Fundir el chocolate en el microondas o al baño María.
Batir la mantequilla con el azúcar hasta que la mezcla blanquee y se vuelva espumosa.
Añadir las yemas una a una, batiendo cada vez.
Añadir el chocolate fundido, mezclar bien y después incorporar la harina.
Batir las claras a punto de nieve e incorporarlas a la mezcla de chocolate (en tres tandas, para evitar que las claras montadas decaigan).
Verter la mezcla en los moldes y hornear de 20 a 25 minutos, hasta que los pasteles estén bien hinchados: si se hunde un cuchillo en el centro del pastel, éste debería salir casi limpio.
Retirar del horno y dejar enfriar sobre una rejilla antes de sacar del molde; a continuación, dejar enfriar por completo.
Calentar la confitura con el zumo de limón, los trozos de albaricoque y un poco de agua.
Dejar escalfar unos 5 minutos; los albaricoques deben quedar blandos. Dejar enfriar. Si la salsa está demasiado espesa, añadir un poco de agua.
Realizar el glaseado calentando el chocolate, la mantequilla y el agua en el microondas o al baño María.
Cortar los pasteles en dos y colocar una mitad en cada plato individual. Verter una cucharada de salsa de albaricoque, recubrir con la segunda mitad y después verter un poco de glaseado. Se puede servir de inmediato o esperar a que el glaseado se
haya endurecido.


Chocolaterapia

El chocolate posee un auténtico don para arreglar problemas. Unos instantes de tristeza, una jornada estresante, una discusión, una recompensa, un placer secreto... El chocolate siempre nos brinda una respuesta.
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Foto de Marie-Pierre Morel
Brandy Alexandra

Chocolate para niños

Una receta especial para peques con dotes para el modelado.

Foto de Marie-Pierre Morel
Huellas digitales

Chocolate chic

Después de una buena comida, ya saciado el apetito y satisfecho el paladar, me apetecen combinaciones y aromas mucho más sutiles.
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Foto de Marie-Pierre Morel
Mil hojas de chocolate blanco y frambuesas

Astucias profesionales


Foto de Marie-Pierre Morel


Virutillas


La mejor forma de hacerlas es utilizar un pelapatatas sobre la tableta a temperatura ambiente. Basta con ir rallando la superficie del chocolate.


miércoles, 1 de diciembre de 2010

La conservación de la salud del cuerpo y del alma

La conservación de la salud del cuerpo y del alma
Blas Alvarez Miravall
Medina del Campo, 1597

En la entrada de HALIEUTICA, comentaba que, de cuando en cuando, presentaría libros antiguos, a pesar de que los que más me gustan son los modernos, y en eso estamos.

En cervantesvirtual vemos una ficha del libro, que nos dirige a la Biblioteca de la Complutense, donde aparece una edición posterior, 1601, donde podemos consultar las 480 hojas del libro.



Está claro que se trata de una obra que figura entre los tratados de medicina, pero, como quiera ser que la alimentación juega papel importante en nuestro estado físico, de los ciento trece capítulos que componen este ejemplar, señalamos los dedicados al tema.

Si queréis ver los Capítulos directamente, solo tenéis que pinchar en Biblioteca de la Complutense, y os aparecerá la portada del libro. Encima de la hoja se lee:

Imagen 2 de 1085  Ir a ----

Si ponéis 266 (es el número de la imagen que corresponde al capítulo 19), pasa a la hoja 68, y ya solo tenéis que ir avanzando páginas.

CAPÍTULO 19

(seleccionamos párrafos)


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Los que son delgados y flacos y tienen los poros anchos se han de mantener a menudo: los gordos y angostos de poros han de comer menos veces. En el estío y otoño, es grave la comida (como lo afirma Hipócrates en el segundo de los aforismos) el invierno es muy agradable, y el verano tiene el segundo lugar. De suerte que en el invierno el manjar se ha de dar en abundancia pero pocas veces de modo que en una vez se puede comer mucho. Y será el manjar seco y caliente, como es la carne asada: la bebida será vino un poco puro en el verano se repartirá en más veces la comida y el vino será más aguado y en mayor cantidad que no en invierno. En el estío se tomará la comida más a menudo y en mayor cantidad. Las carnes serán cocidas: en el otoño se ha de tomar un poco más de comida que en el estío y el vino un poco más puro, y en cantidad menos.
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CAPÍTULO 20

A grandes rasgos, el autor defiende -entre otras cosas- que es más saludable comer abundantemente por la noche, en contra de lo que se acostumbra, que es hacerlo al mediodía. Al transcurrir un lapsus de tiempo más prologado desde la cena hasta el almuerzo del día siguiente, el cuerpo tiene más tiempo para digerir el alimento.
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Y Horacio en el libro segundo de lo sermones, en la sátira segunda clarísimamente muestra ser la variedad de los manjares dañosa para el cuerpo y para el alma. Y Disario Macrobiano en el libro séptimo de los Saturnales, el cual lo tomó Plutarco en el libro de los problemas coniuuales, en la de cada cuarta en el capitulo primero, y Plinio en el libro undécimo, en el capitulo cincuenta y tres, dice estas palabras: El manjar simple es provechosisimo al hombre, y la junta de muchos sabores es pestisera, y los muchos guisados son mas perniciosos.

CAPITULO 21


El doctor Alvarez recomienda encarecidamente que cuidemos la dentadura: 


... Aristóteles, en la sección décima, adonde pregunta cual es la causa, porque  los que tienen ralos o apartados los dientes, de ordinario son de vida más corta. Y dicen que la causa es que los manjares no se muelen, ni preparan tan bien, y habiendo esta falta en la masticación, también la ha de haber en la digestión del estómago, pues el estómago no puede reparar la falta de la boca, ni el hígado la del estómago.
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Señala, además de otros muchos consejos, que la aplicación del calor ayuda a una buena digestión:

... que el que sintiere flaqueza, o falta de vigor del estomago para la cocción del mantenimiento procure con mucha diligencia el remedio, pues no importa menos que vivir. Para este propósito dan algunos por remedio echar consigo un niño infante carnoso, y de buena complexión, porque desta suerte se conforta el calor natural del estómago y se repara la cocción. También repara mucho esta flaqueza cachorrillo gordo como lo dice Galeno y de el mismo efecto es poner una mano caliente sobre el estómago.
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CAPITULO 22


Como es muy dañosa la mucha comida y bebida para la conservación de la vida.
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Cuentase del grande Hipócrates que siendo muy templado en su comida y bebida, a uno de sus discípulos le pareció que era demasiada su dieta, y por tanto le dijo, que comiese y  bebiese en más cantidad para que el cuerpo tomase mayor fortaleza. El cual le respondió hijo mio, yo como para vivir, y no vivo para comer.
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CAPITULO 23



El autor nos advierte de lo males del exceso en la bebida y su problemática. A pesar de ello, descubrimos una pequeña loa, que será, suponemos, la excepción que confirma la regla.


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Pero es de advertir mucho en esta materia que si el vino se bebe con moderación, ninguna cosa hay en el mundo tan saludable como afirma Ateneo el cual dice  que los antiguos honraban a Bacho Hygiotes, que es lo mismo que saludable, porque su cantidad moderada vivifica el alma y el cuerpo. Y esta verdad tan averiguada que afirma Asclepiades que el provecho que hace en los hombres el vino que se puede igualar con la potencia de los Dioses, como lo escribe Plinio en el libro veintitrés en el capitulo primero. Y Platon en el Cratylo, dice que trae su Etymologia y denominación de la fuerza, de la ayuda, y de la utilidad que del reciben los mortales. Y así entendiendo el grande Homero el consuelo y ayuda que este licor da a todo hombre, y sabiendo también que el vino de su naturaleza es caliente y que abrasa como el fuego, porque con su demasiado calor no dañe a la salud, aconseja que no se beba puro sino aguado y así introduce a la Nimfa Calypso que habla con Ulises de esta manera. Yo señor te serviré de muy buena gana con pan, con agua, y con vino tinto, para que deseches de tí la hambre.
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